Vacaciones, la medicina más sana… o no

Vacaciones medicinales

“No es la cantidad de tiempo que pasas en un lugar lo que lo hace memorable; es la forma en la que pasas el tiempo.”

David Brenner

Ya llegaron esas ansiadas vacaciones, y con ellas, el relax y la desconexión. Unos días de descanso en la montaña, en un hotel a las afueras, en la playa tumbado al sol, con esas vistas al mar… y escuchando al niño chillar, la abuela que se planta al lado con la sombrilla y que casi te la planta en la cabeza, el que pasa corriendo y te llena de arena. ¡¿Pero aquí que pasa?¡ Efectivamente el verano es así en muchos sitios.

Estrés en la playa

Y te preguntas… «¿Yo no venía a desconectar, a relajarme y a no alterarme? Pues creo que no  están empezando tan bien estas vacaciones como pensaba, o parece ser que no me las estoy tomando como debo».

El año pasa esperando que lleguen estos días pensando que serán perfectos, que disfrutarás de ese merecido relax, te despertarás cuando te apetezca, irás sin prisas. Pero luego te das cuenta que no es así. Sin embargo, y aunque parezca paradójico, para muchas personas estos días de “libertad” son sinónimo de ansiedad y estrés. Para ellos, como para muchos de nosotros, resulta muy difícil desconectar del trabajo, escapar de nuestros problemas y lograr realmente sacar provecho de las vacaciones.

Amanece y a las 7:00 ya estás en pie, toca desayunar y prepararte para empezar un fabuloso día en la playa, pero la cosa se tuerce cuando ves que ya no tienes sitio en la playa, “respiras hondo” y piensas que no te importa ponerte más atrás. Cuando ya estas acoplado y relajado, empiezas a escuchar voces y chismorreos por todos lados, “sigues respirando”, pasas una mañana como mejor puedes leyendo tu libro favorito y de repente… «¿Quiere un pareo? ¿Unas gafas? ¿Fruta fresca? ¿Un masaje?» Nada, que parece que no es mi día.

Decides ir a comer a un chiringuito cercano pero,  ¡Todo completo!  “Sigues respirando”.

Al final decides que lo mejor es comprarte algo y comer en casa. «Venga que conseguiré pasar unas vacaciones como esperaba desde hace un año«.

Pues así pasas un día tras otro hasta que:

Decides relajarte y tomártelo con filosofía o coges el coche y de vuelta a casa.

enfado en vacaciones

Seguro que te has visto reflejado/a en algún momento, estas fechas suelen ser así pero lo importante es tu actitud. Vivimos una vida estresante, en la cual tenemos poco tiempo libre, todo son problemas y pensamos que las vacaciones serán el mejor momento para disfrutar de tantas cosas que no te puedes permitir el resto del año. ¿Sabes desconectar de verdad?

Llegado el día, ves que sigues el mismo ritmo madrugas, vas corriendo a todos sitios, te toca esperar para comer, para cenar, para desayunar, esperas colas imposibles para todo y lo que consigues es llegar a casa igual de cansado o más de lo que te fuiste.

Un estudio de Applied Research in Quality of Life, citado por The New York Times, que encuestó a 1530 holandeses, subrayó que solo los viajeros que afirmaron haber tenido un viaje “muy relajado” experimentaron el beneficio de sentirse felices a su regreso.

Aquí te dejamos unas herramientas con las que volverás a casa cargado de energía y creatividad:

1.    Cuida tu cuerpo:

Intenta hacer todo aquello que sabes que es beneficioso para tu bienestar físico, como por ejemplo: Hacer ejercicio regularmente, cuidar tu alimentación, descansar las horas que tu cuerpo necesite. Este primer punto podría considerarse como un pilar fundamental en nuestro objetivo de reducir el estrés.

2.   Elija un lugar tranquilo: 

No importa si te vas o no de viaje. Ve a un lugar donde puedas reflexionar, respirar, sentirte cómodo con los sonidos de la naturaleza o incluso de música relajante. Seguramente tienes gustos sobre una u otra cosa que te hagan sentir alejado de tu realidad y de tu rutina. Así que ¡Practícalos!

3.    Dosifica el día con humor:

El humor, por su propia naturaleza, nos otorga de forma instantánea una cierta distancia, equilibrio y perspectiva por un momento. Esto no implica caer en la burla de los demás, más bien es una cuestión de quitar hierro a aquello que nos rodea, incluidos nosotros mismos. Reírse de uno mismo está menospreciado, pero lo cierto es que una  sonrisa cambia nuestra bioquímica y ayuda a ordenar los atascos emocionales.

4. Pasa tiempo sin hacer nada

Al contrario de lo que se pueda pensar, pasar tiempo sin hacer nada no es una pérdida de tiempo. Ayuda a relajarnos y a pensar realmente en lo que es importante, en cómo enfocar las cosas y en cambiar el punto de vista sobre cómo afrontamos el día a día. Quien dice pasar tiempo sin hacer nada, también se refiere a estar tranquilo en una terraza tomando un café o un té o, simplemente, sentarnos en la toalla de la playa a mirar el infinito.

5. Rompe tu rutina:

El psicólogo Miguel Ángel Rizaldos apuesta por activar ese botón “rompiendo con nuestra rutina y haciendo cosas diferentes, para sacudirnos el estrés y llenarnos de nuevo de energía”. Para ello una de sus recomendaciones pasa por invertir en experiencias nuevas “que nos darán más felicidad que comprar productos”, y es que como recuerda, “la mayoría de las personas tiende a arrepentirse de las cosas que no hicieron, por lo que hay que tomar una actitud activa frente a las oportunidades”.

6. Apaga la tecnología:

Si estás de vacaciones, estás de vacaciones. Pon el cartel de cerrado y no te lleves el portátil a la playa, porque estos días son tuyos, y eso es más importante que cualquier correo que se quede sin contestar (que pese a lo que pienses, no supondrá un cataclismo mundial). Tampoco vale sustituir el ordenador de la oficina por tu móvil. “Desconecta el móvil del trabajo o evita leer los correos en el periodo vacacional. Si consigues hacerlo, habrás desconectado del día a día”, apunta de la Rosa, que en caso de urgencia recuerda que “con echarle un vistazo antes de ir a dormir, es más que suficiente.

Las vacaciones son para descansar, disfrutar y retomar energías a nivel físico y mental”. Si es posible, desconecta también de las redes sociales que puedan recordarte asuntos laborales, o quebraderos de cabeza de cualquier otro ámbito de tu vida. Aprovecha en cambio para disfrutar de la gente que te acompaña, y del placer y hablar con ellos cara a cara. Quizás descubras que es más gratificante que subir una foto a Instagram.

7. Recupera tu tiempo: 

¿Hace cuánto que no lees con calma, que no paseas sin un destino concreto, o que no te quedas sentado mirando a la nada y pensando en todo con un café? El verano es el momento perfecto para volver a hacer esas cosas que te gustan y para las que nunca encuentras tiempo. Tu mente te agradecerá que le regales el placer de leer un libro, ir a un cine de verano, a una terraza, y sobre todo el poder “compartir momentos con personas a las que casi ni le dedicas tiempo”, comenta la psicóloga Tamara de la Rosa, “o quizás aprovechar el buen tiempo para hacer un poco de ejercicio al aire libre. El ejercicio siempre es saludable”.

Respira hondo, cambia tu actitud y empieza tus vacaciones con energía positiva.  Si regresas a casa tan feliz como te has ido, has tenido unas buenas vacaciones.