Piensa por ti mismo, sé libre

Piensa por ti mismo, se Libre

«Piensa por ti mismo, deja a otros que también disfruten de ese privilegio».


 – Voltaire

Vivimos en una era en la que internet, los medios de comunicación y la cantidad ingente de información disponible y del tráfico libre de la misma nos permite estar más al tanto de lo que ocurre en el mundo, y formarnos nuestra propia visión global sobre lo que son las cosas. Eso nos hace más libres… ¿Verdad?

Si al leer la última palabra del párrafo anterior, encerrada en sendos signos de interrogación no has podido evitar que tu mente parase un momento, como si hubiese detectado un fallo en la “Matrix”, y te ha surgido una ligera necesidad de seguir leyendo más para aclararlo todo déjame decirte que me alegro mucho, por ti, por mí, por el futuro de la humanidad en conjunto. Tienes la semilla de la grandeza que nos ha llevado a conseguir como especie todo lo que hemos conseguido hasta ahora.

En realidad, eso no debería sorprendernos, todos tenemos esa simiente en nuestro interior, pero cada vez más, se va marchitando incluso antes de arraigar en nosotros.

La sociedad en la que vivimos hoy en día es bastante más compleja que en la que la gente vivía en el pasado, a cuanto más nos remontemos hacia atrás, más y más simple era. Ahora tenemos unos medios que hasta hace sólo cien años ni se imaginaban, la tecnología ha avanzado a pasos agigantados, y sigue creciendo exponencialmente, alcanzará límites insospechados en un futuro no muy lejano. Pero eso es otro tema. Lo que quiero tratar en este post, sin embargo, es nuestro papel en todo esta suerte de caos que es dicha evolución.


Tenemos el derecho de dudar y el deber de hacerlo

Si bien tenemos más y mejores medios que nunca para considerarnos individuos libres, con nuestras propias creencias y nuestro libre albedrío, parece que esto entra en conflicto directo con nuestra propia voluntad de encerrarnos cada vez más en ciertas ideas y concepciones, cada uno en las suyas, aunque tan sólo haya una variedad limitada de ellas, lo cual es de extrañar habiendo tanta información y siendo esta tan accesible por muchísimos medios…

Somos increíblemente propensos a creer lo que queremos creer. He aquí el quid de la cuestión. Si, por ejemplo, somos forofos de un equipo de fútbol, siempre tendremos clarísimo que ese penalti que nos pitaron en contra no era legítimo, y que nos han robado el partido. Al revés igual.

Si somos admiradores de alguien, siempre negaremos que pueda haber hecho algo malo, de la misma manera que cuando salte la noticia de que ha hecho algo bueno la creeremos sin pensarlo ni un segundo. Esto se extiende prácticamente a cualquier ámbito que se nos pueda ocurrir: religión, ideología política, nacionalismo, ideología de género, forma de ser…

Peor aún: nos molesta que los demás no crean en lo que nosotros creemos, sabemos que nuestra verdad es la verdad absoluta y no nos entra en la cabeza que alguien pueda no verlo. Nos afecta más el hecho de que alguien no comparta nuestra idea, que nuestra propia buena ventura al creer que vivimos en la verdad absoluta. Todo esto está creando una tendencia nada sana en la sociedad. Creernos lo primero que nos echan en los medios, en las redes sociales o páginas webs… Lo más gracioso del asunto es que nadie nos obliga, lo hacemos por propia voluntad.


No importa lo que creas, piensa

Probablemente te hayas encontrado últimamente con el típico “meme” en tu red social en el que alguien, supuestamente muy ofendido, expone que el individuo que aparece en la foto adjunta es un campeón de ajedrez mundial, o un matemático de éxito, pero que no lo verás en los medios por no ser futbolista famoso, o concursante de un programa de televisión, o incluso por ser mujer… Y cuando buscas información sobre dicha persona, descubres que no existe, es más, el que aparece en la foto y debiera ser el campeón de ajedrez mundial anónimo, es en realidad un famoso, o famosa actriz de cine para adultos… Pues caemos como moscas. Enseguida difundimos dicha protesta, indignados (o al menos aparentándolo), para que todo el mundo vea lo buenos ciudadanos que somos y lo comprometidos que estamos con la “justicia social”.

Cuando suena una nota discordante y alguien pone en duda cualquier noticia políticamente correcta, nos lanzamos a la yugular de quien mira críticamente y piensa por sí mismo, no dejándose llevar por la forzada marea de civismo de turno.

Tenemos el derecho de dudar y el deber de hacerlo. Duda siempre. No te conformes con lo que miles de individuos digan, hoy en día es muy sencillo decir cualquier cosa y que tras la difusión que se le da en los medios o las redes sociales parezca acabar siendo real. No importa lo que creas, piensa. Lo que creas (o quieras creer) y la realidad pueden ser cosas muy distintas. Y si has dudado y resulta ser cierto aquello de lo que dudaste no pasa nada por admitirlo. Nunca pongas tu ego, o peor, el de otra persona, por delante de la verdad. Por experiencia propia puedo decir que no es una práctica sana y no se saca ningún beneficio.

No busques impulsivamente respuestas fáciles, en su lugar hazte preguntas difíciles. Si hemos llegado a las estrellas y conocemos tanto (aunque al mismo tiempo tan poco) del universo que nos rodea, es porque alguien, una vez, desde la húmeda y fría seguridad de su cueva, miró hacia aquellas luces que los demás decían que eran agujeros en el cielo y no se conformó con esa creencia establecida.

Nunca dejes de pensar por ti mismo, de ser crítico con lo que percibes. Es el único camino real hacia la libertad.

Libertad de expresión