No puedo hacer nada … ¿O quizá si?

No digas no puedo ni en broma, porque el inconsciente no tiene sentido del humor, lo tomará en serio y te lo recordará cada vez que lo intentes.

.- Facundo Cabral.

Existen frases secas, cortantes, frases insinuantes, amistosas o cársticas, y luego están también las frases lapidarias. Lapidarias porque cuando se pronuncian hacen el mismo ruido que una pesada lápida al caer sobre el frío suelo….¡¡¡Poof!!!

frases lapidarias

Frases como:

  «Esto es así y ya está»

  «Eso siempre se ha hecho igual»

  «Se ha hecho de esta manera de toda la vida»

  «El fútbol es así»

o la peor de todas:

Frases lapidarias

«No puedo hacer nada»…¡¡¡Pooof!!!

La mayoría de las veces estas frases las pronunciamos de manera automática, sin ningún tipo de reflexión sobre lo que realmente significan. Es lo más fácil, lo más familiar, lo más simple: «no hay solución, hasta luego»…y se acabó.

En cambio, si observamos algo más detenidamente, lo de que no se puede hacer nada es casi siempre un sesgo de percepción o un análisis demasiado ligero, o más bien inexistente.

¿Que no podemos hacer nada de efecto rápido?… muchas veces así es.

¿Que no podemos hacer nada con un efecto directo?… a menudo.

¿Que no podemos hacer nada sin esfuerzo mientras estamos tirados en el sofá viendo la tele? … casi en un cien por cien de las veces.

Pero algo, algo, siempre se puede hacer. Y todas las excusas son fáciles de encontrar. Si usamos la misma capacidad inventiva podemos encontrar las contraexcusas:

Estoy cansado y no tengo ganas         empieza con algo simple y aún sin ganas

No tengo ayuda        empieza a buscarla

No tengo ni idea de ese tema      tampoco sabías leer y, ¿recuerdas? «a…..b……c…..mi mamá me mima….»

No conseguiré nada       pero, ¿y si sí? Si luego descubres que no has conseguido nada siempre puedes montar una línea telefónica de videncia y sacarte un buen dinero trabajando como adivino.

El caso es que sí, y con mayúsculas. Siempre, siempre se puede hacer algo. Lo que es necesario es previamente tener algunas cuestiones muy claras:

  1. No todo lo que hagas es necesario que te lleve a tu objetivo final en 5 minutos.
  2. No todo tiene que suponer un gran esfuerzo. Recuerda que los pequeños gestos son  poderosos. Lo dicen en la radio.
  3. Haciendo siempre ganas, es decir, o te sale bien y genial o te sale mal y aprendes para la próxima vez. Equivocarse es una bendición, es algo divino, es la piedra Rosetta del éxito, no lo olvides.

Muy importante tener todo lo anterior en mente. Y además, como guinda del pastel, probar y hacer cosas nuevas es necesario, te hace sentir vivo. Y lo mejor: es divertido.

Si quieres seguir disfrutando de tu plato favorito no lo comas todos los días a todas las horas o…¡maldición! lo acabarás aborreciendo.

Vale, ya tenemos el tema planteado, pero para ser proactivo hay que poner los pies en la tierra y empezar a hacer cosas. Cosas concretas. ¿Ejemplos de qué se puede hacer?

1. Enfoque-acción contra enfoque-resultado

Dejar de obsesionarnos con un resultado y concentrarnos en lo que depende 100% de nosotros.

No puedes elegir si un examen será más o menos difícil o cuántas personas se van a presentar a tu oposición, pero sí planificar cuántas horas diarias y en qué horario vas a estudiar y ceñirte a ejecutar esa planificación.

No puedes controlar cuánto peso va a perder tu cuerpo en un mes. Eso depende de nuestra genética, nuestro sexo, edad, etc y no directamente de nosotros mismos. Pero sí puedes centrarte en diseñar un plan de dieta y ejercicio y ceñirte a cumplirlo.

2. La fuerza de voluntad

Cuando te sorprendas a ti mismo diciéndote: «es que no tengo fuerza de voluntad« puedes reformular esa afirmación de otra manera con la frase: «es que no he adoptado el hábito necesario para conseguir eso».

La primera frase es algo muy difícil de cambiar, implícitamente lo consideramos algo fijo. En cambio la segunda es algo que se puede conseguir, como «adoptar» una determinada postura. Aprende sobre cómo incorporar hábitos en tu vida cotidiana.

3. No depende de mi

Es muy común, por hacer una observación muy rápida y superficial de la realidad, que pensemos a menudo que ciertas cosas no dependen de nosotros. No es algo que depende de si hacemos o no hacemos tal o cual cosa o de si tenemos más o menos fuerza de voluntad. Concluimos que se trata de una circunstancia, persona o situación externa a nosotros y que no tenemos ningún tipo de poder de influencia sobre ella.

En muchos modelos de representación de la realidad, tales como la teoría de sistemas o la física cuántica, se ha concluido científicamente que el principio de influencia es algo que existe siempre, incluso en física cuántica se afirma que lo observado es influido por el observador.

No existe, de manera aislada, en la realidad, la causa única y el efecto único. Esto es una simplificación en exceso. Siempre los efectos son múltiples, nunca hay un solo efecto. A menudo las causas también son múltiples, aunque no sean obvias o directamente observables.

Por ejemplo, cuando pensamos en nuestra salud, casi inmediatamente asociamos nuestra buena salud a una cierta sensación personal de bienestar, de alegría y de altos niveles de energía. ¿Pero y qué hay de la motivación que podemos transmitir a otras personas, y de la mayor capacidad que tendremos para ayudar a los demás, y del dinero que te vas a ahorrar en ibuprofeno?…los efectos son múltiples.

Cada acción que vaya a tu favor va a tener múltiples efectos, todo cuanto hagas por tu salud, por cuidarte, divertirte, por sentirte bien, por tu bienestar y tu crecimiento personal va a afectar a todo lo que tengas o esté por llegar a tu vida y a todos lo que tengas o estén por llegar a tu vida.

Empieza ahora mismo, con algo modesto. Sí puedes hacer algo y sí vale la pena.

Feliz