Demasiadas responsabilidades, al borde de la ansiedad

Exceso de responsabilidad

“Vivir un momento estresante no es lo mismo que vivir estresado. Lo primero es normal, inesperado y generado por el ambiente, mientras que lo segundo, vivir estresado, es tóxico, buscado y generado por nosotros mismos porque se ha convertido en un hábito y no sabemos vivir de otra manera.”

Bernardo Stamateas

La vida actual nos impone un ritmo que nos hace que pasemos cada día sin darnos cuenta, con un nivel de estrés y agotamiento que nos hace volver a casa sin energía, con la única ilusión de llegar y meternos en la cama hasta el día siguiente. ¿Y qué pasa al siguiente día? Más de lo mismo. No disponemos de tiempo para fijarnos en cosas importantes o en disfrutar de la vida, solo trabajar y cumplir con tus obligaciones cargando con demasiadas responsabilidades.

Esta gran sobrecarga de responsabilidades hace que no tengamos tiempo para hacer otras cosas que nos gustarían más y nos entra el agobio, haciendo que nuestro carácter cambie y que no podamos estar tranquilos hasta que no hayamos terminado todo aquello que tenemos pendiente. Pero si te paras a pensar, ¿realmente todo ese trabajo lo tienes que hacer tú? ¿seguro que alguna persona cercana no podría hacerlo?

Cargarnos con un exceso de responsabilidades es el motivo de la creciente ansiedad de la vida actual. No se trata de vivir eternamente sin ataduras ni obligaciones, como en los casos del Síndrome de Peter Pan, pero nos criamos en un mundo donde la vida es trabajar, cuidar de tu familia y aguantar ciertos problemas. ¿Quién no ha escuchado o a dicho alguna vez eso de: “Tienes que hacer caso de las ordenes de tu jefe, no puedes perder el trabajo” o “si tienes problemas en casa, se solucionarán, tu aguanta»? Esto crea unos niveles de autoexigencia difíciles de sobrellevar.

TODOS, en ciertos momentos, esperan algo de ti, tus hijos, tu pareja, tu jefe, tu familia… y eso añadiendo las tareas de la casa, las responsabilidades con tus hijos, trabajo que te llevas a casa, problemas, etc. Jamás te imaginaste que tu vida sería así. Ahora no tienes un minuto libre. Tal vez pienses: “¿Qué le voy a hacer? ¡Todos me necesitan!”, “no puedo cambiar mi forma de ser”, “soy así, no puedo cambiar”. Pero pasarse todo el tiempo atendiendo a los demás no es bueno, ni para ti, ni para ellos. Pues bien, ¿qué puedes hacer para recuperar el control de tu vida?

“Después de tomar una decisión, aunque sea errónea, llega la serenidad”

                                                                                                          -.  Rita Mae Brown

Hace tiempo leí el libro de Talane Miedaner “Coarching para el éxito” (os lo recomiendo), donde te dan miles de herramientas para tener éxito en la vida sin llegar a morir en el intento. Una parte muy interesante es el capítulo “aprende a decir que no, y dilo a menudo” donde te explica que a algunas personas les preocupa que, si dicen “No, gracias” se termine la serie de nuevas oportunidades. Hay que saber decir que no o por lo menos darnos tiempo a pensarlo, así reservamos un espacio para las oportunidades y relaciones adecuadas.

Es muy frecuente el afán de perfeccionismo, con una obsesión porque todo salga según lo previsto o si una persona va a cumplir realmente con lo requerido. Se trata de cumplir las expectativas y no fallar nunca, ni a nuestros jefes, ni a nuestros padres, ni a nuestros hijos, ni a nuestra pareja, ni a nuestros amigos. Y así terminamos fallándonos a nosotros mismos.

Al no confiar, se desea controlar. En el caso de que no cumpla, ¿qué se hace? Ante esto, es muy importante recompensar y promover a aquellos que hacen que las cosas sucedan. Incluso muchas personas no delegan por falta de autoestima, piensan que si dejan que parte de sus tareas o trabajo lo haga otra persona, dejarán de ser imprescindibles o ya no valdrán para nada.

Las personas que sufren este exceso de responsabilidades tienden a distorsionar la realidad, creándose exigencias y obligaciones inexistentes que obviamente terminan desbordando toda su vida y provocando una tensión hacia los demás que les provoca más estrés aún. Si algo hay que aprender es a establecer prioridades, no todo es lo más urgente, ni todo es tu responsabilidad.

Quienes presentan dificultad para delegar y confiar en las capacidades ajenas para resolver problemas, suelen también sobreproteger a los miembros de su familia. De ahí que realicen muchas tareas que no tendrían por qué asumir, y que rara vez pidan ayuda a menos que sea absolutamente necesario.

Nuestro organismo, cuando llega a un nivel alto de estrés, nos va avisando que algo mal estamos haciendo con estos síntomas:

  • Sobrecarga mental y física: musculatura tensa y respiración agitada.
  • Pensamientos que controlan nuestra mente: no podemos dejar de pensar porque nos invaden ideas, preocupaciones…
  • Cuanto más pensamientos más sufrimiento corporal: pudiendo emerger problemas de todo tipo como, cardiovasculares, sistema endocrino …
  • A pesar de todo esto, no hacemos caso: y pensamos que siempre hemos podido y que ahora también podremos con esto.

¿Te has visto reflejado con algunos de estos síntomas? Si es así algo va mal, sólo siéntate, relájate y piensa en tu día a día, hasta dónde has llegado y que ha podido derivar a encontrarte así y sobre todo, que puedes hacer para recuperar tu vida.

Necesitas quitarte ese peso de encima y no sabes por dónde empezar, al menos no sin sentir culpa. Una parte de ti dice que tienes demasiadas cargar y otra que todas tus ocupaciones o responsabilidades son imprescindibles.

Ya empiezas a ver la luz al final del túnel, pero… ahora ¿Qué hago para quitarme este lastre?

Empieza por:

  • Da pocas explicaciones: frases cortas y sencillas. Cuanto más explicas más autorizas a seguir siendo cuestionado.
  • Practica la contención antes de ofrecer tu ayuda. Tómate una pausa antes de contestar “sí puedo, cuenta conmigo, yo me ocupo”, o “No puedo, lo siento”
  • Valora y reflexiona la renuncia que te supone ofrecer esta ayuda.
  • Oblígate a parar y tomarte un tiempo para ti. Ve introduciendo en tu vida pequeños momentos contigo, con tu familia o amigos: un café, una charla, un silencio…
  • Camina despacio, o al menos no corras, ¡Relax!
  • Recuerda que la mirada de decepción o enfado de algunas personas NO definen quién eres tú. Evita caer en su manipulación.
  • Respira hondo varias veces al día: aprovecha el transporte público para esta tarea.
  • Aprende a escuchar tu cuerpo: date masajes, practica yoga, acude a un SPA… cualquier actividad que te implique estar atento a tus sensaciones corporales.
  • Iníciate en la práctica de decir “No puedo”.
  • No dejes que te afecte el enfado de quien se enfadan contigo cuando intentas evitar cargas. Tu responsabilidad y tu deber es poder tomar la mejor decisión con la que te sientas libre.

A veces es tarde para cambiar lo que ya ocurrió. Pero nunca es tarde para tomar nota y aprender de los errores pasados. Si todos asumiésemos nuestro pequeño papel responsable en los grandes problemas impersonales que vemos a nuestro alrededor, la vida sería más fácil y más alegre.

¡¡Delegar tareas disminuye el estrés!!

Disfruta de tu tuempo libre y fuera estrés aprendiendo a delegar.