Violencia de género, un problema de todos.

“El amor verdadero empieza por uno mismo”.

John Kin

Desde hace unos años la violencia de género es un tema muy visible en los medios de comunicación, aunque ha estado presente en la historia de la humanidad desde siempre.

Es un asunto, como todos los problemas recalcitrantes de la sociedad en la que vivimos, y según la información que conocemos, de difícil solución. Se puede estudiar e intentar atajar desde un enfoque social, político, jurídico, laboral o policial, entre otros, y así se ha venido intentando.

Muchas medidas de ámbito multidisciplinar se han puesto en marcha, se han elaborado protocolos de actuación, modificado el Código Penal, creado nuevos Juzgados específicos, legislado en concreto la materia (con la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de medidas de protección integral contra la violencia de género), y en general, se han incrementado los recursos económicos, humanos y materiales para prevención, concienciación y ayuda a las víctimas.

Y después de todo este gran esfuerzo de la sociedad en su conjunto, hemos de preguntarnos por los resultados que se han conseguido.

Estadísitica reciente de víctimas de violencia de género
Fuente: www.inmujer.gob.es (Ministerio de Igualdad del Gobierno de España).

Aunque podemos apreciar una cierta tendencia a la baja, podríamos afirmar que los resultados obtenidos en los últimos años en relación al enorme esfuerzo en términos de recursos dedicados han sido bastante modestos. La sensación general es la de que algo está fallando, algo falta, algo se está enfocando mal.

Desde nuestro blog queremos lanzar una reflexión sobre esta cuestión.

Nos parece enormemente positiva la implementación de todas las medidas adoptadas hasta día de hoy. Aunque aún no se hayan recogido los frutos se está trabajando mucho y bien, sobre todo en términos de visibilización del problema y concienciación del conjunto de la sociedad.

No obstante, pensamos que hay un factor en concreto al que no se le está prestando la atención que merece, un factor que posiblemente no sirva para vender revistas o para los inicios de un telediario, por no tener ese carácter impactante que siempre buscan los medios de comunicación masiva. Ese factor clave es:

La educación emocional
Pero la educación no es un tema popular. Sus resultados son siempre a medio o largo plazo, algo que no casa bien con la inmediatez de los objetivos políticos partidistas.

Por ejemplo, se hace mucho énfasis en el castigo del maltratador. Eso está muy bien y por supuesto es totalmente necesario, pero realmente no es lo principal. No nos olvidemos, ¿qué es lo principal? ¿que la pena de cárcel sea de 20 o de 30 años o la vida de una persona?

Creemos que está claro: el objetivo principal es la prevención. Si no hay violencia no hacen falta prisiones ni jueces. Las personas maltratadas no necesitan justicia para sus agresores, lo que necesitan es que nadie, nunca, las maltrate.

¿Y qué tiene que ver en todo esto la educación emocional?

Todo, tiene que ver todo. Es la piedra angular para la solución integral del problema. La educación es la antítesis de la represión. Con la educación todo son ventajas, excepto una cosa: los resultados no son a corto plazo.

Desde una perspectiva amplia del problema, la educación puede ayudar en los dos polos principales en torno a los que gira el problema:

LAS POTENCIALES VÍCTIMAS

Una víctima de maltrato es una persona que siente que no tiene los recursos propios para escapar de una situación dañina para ella.
La gestión emocional es clave para las personas así. En los planes de estudio no hay asignaturas que traten eso. La mayoría de tiempo en los colegios se dedica a memorizar y acumular conocimientos técnicos que son de escasa utilidad en la vida real de adultos.
No nos enseñan desde pequeños a tomar conciencia de la realidad, a observar serenamente lo que nos pasa y a actuar en consecuencia para evitar futuras situaciones incómodas. Desde pequeños no se nos enseña a controlar los impulsos y a gestionar nuestro equilibrio personal.

¿Por qué una persona sigue su relación con su pareja después de los primeros malos tratos?

¿Quizá porque no es consciente de la gravedad de la situación y de lo que le puede deparar en un futuro?

¿Quizá porque se siente totalmente dependiente de esa persona y tiene miedo a la soledad?

¿Quizá porque su autoestima es casi inexistente?

Falta de consciencia, inseguridad, baja autoestima…¿Y mejorar todo eso no forma parte del proceso de crecimiento personal?

¿Entonces es importante trabajar en el desarrollo emocional de las potenciales víctimas?

Sí, por supuesto, en un 100% de los casos. Con mayores recursos personales existe menos vulnerabilidad.

Desde pequeños no se nos enseña a controlar los impulsos y a gestionar nuestro equilibrio personal.

Es posible que trabajando en desarrollar los recursos emocionales de las potenciales víctimas no consiguieramos llegar a cero en el número de víctimas mortales, pero sin duda se reduciría muchísimo esa cifra. Para terminar con esta lacra se debería emprender acciones de trabajo con la otra cara de la moneda:

LOS POTENCIALES MALTRATADORES

Aquí nos encontramos en una falacia muy extendida en nuestra sociedad. Nos centramos mucho en arreglar las consecuencias de un problema o en acabar (casi siempre sólo temporalmente) con los síntomas, pero no nos preocupamos de atajar lo principal: la causa del problema.

La educación emocional es un arma de doble filo.

Para las potenciales víctimas, el aumento de la autoestima, una mayor toma de consciencia y de recursos sociales como la empatía o la asertividad son herramientas fantásticas para mejorar sus relaciones de pareja, presentes o futuras, y no dejar rendijas por las que puedan colarse las relaciones tóxicas y las faltas de respeto.

La gran noticia es que todo lo anterior no es sólo aplicable a las potenciales víctimas, sino que de igual manera y con igual importancia, es útil para los potenciales maltratadores.

¿De verdad creemos que alguien en su sano juicio y con un cierto equilibrio emocional es capaz de maltratar conscientemente hasta el extremo a otra persona?

Mención aparte merecen las personas que padecen psicopatías u otras enfermedades graves. Un psicópata no tiene ningún tipo de empatía por su víctima, su vida emocional no depende de la otra persona, mantienen la calma mientras ejecutan sus planes.

En cambio, el maltratador de género no suele ser así. En los casos de muertes por violencia de género que hemos visto en las estadísticas al principio de este post, hay otro dato a tener en cuenta. Entre el 30% y el 40% de los maltratadores, tras la acción violenta mortal, intentaron suicidarse (y gran parte, desgraciadamente, lo consiguieron).

Este dato es ilustrativo de que un maltratador es una persona con una gran carencia de recursos emocionales, con una autoestima casi inexistente y una falta de control de los impulsos muy grande. Todas estas características de riesgo están también detrás de las adicciones (drogas, juego, etc), y de todo tipo de violencia, no sólo la de género.

Esa persona no actúa fríamente, sino que no puede dominar sus impulsos y entra en una espiral de celos, inseguridad, ansiedad, estrés y soporta un sufrimiento enorme. Si ese mismo maltratador hubiera tenido un proceso de educación emocional desde una edad muy temprana y hubiera llegado a la edad adulta como una personal equilibrada, capaz de aceptar la realidad y con una autoestima saludable…¿hubiera llegado a realizar una acción tan violenta?

Nuestra intención es haber producido en los lectores al menos una reflexión en la perspectiva sobre la violencia de género.

El desarrollo personal no es sólo un tema de moda ni algo pasajero. El desarrollo personal está en la base de toda nuestra realidad social y ningún problema es ajeno a él. La realidad se forma por los pensamientos, actos e interacciones de las personas que viven en ella, por eso una base sólida de amor a uno mismo y de inteligencia emocional es el cimiento de una sociedad humana más avanzada.