Sal de tu zona de confort

“No tengas miedo de expandirte, de salir de tu zona de confort. Ahí es donde reside la alegría y la aventura”.


Herbie Hancock

La zona de confort es aquella situación en la que te encuentras ahora mismo, donde tal vez te guste estar, o quizás no, pero es lo que conoces. Donde te encuentras seguro.

Definición del problema:

¿Y para qué voy a salir con lo calentito que se está aquí al lado de la chimenea?

Una razón puede ser porque si no sales a por leña, cuando se apague el fuego te vas a helar de frío y ya no estarás tan calentito…

El éxito de la permanencia en nuestra zona de confort quizá se deba a los mensajes culturales que recibimos diariamente en nuestra civilización occidental. El valor de seguridad está sobre valorado. La seguridad, sin embargo, no es lo más importante en la vida. Es más, quizá la seguridad, hasta cierto punto, ni siquiera existe. Sólo espejismos de seguridad.

Por otra parte, la seguridad con frecuencia acaba en rutina, y la rutina, a su vez, en aburrimiento.

El ser humano percibe por contraste, y esa es la razón por la que cualquier rutina acaba por resultarle insatisfactoria.

Casos habituales de la jaula del confort:

  • No te diviertes con tus amigos o tienes pocos pero te da pereza o vergüenza hacer nuevos
  • Te gustaría saber idiomas pero te da pereza ponerte a aprenderlos.
  • Desearías bajar de peso pero sólo pensar en hacer dieta te pone los pelos como escarpias.

Sí, me gustaría, pero me da tanta pereza (o miedo, o vergüenza)… ¿Y de verdad valdría la pena?

Te van a contestar los que lo han hecho:

Pedro, 61 años, hace 1 año:

“Yo soy negado para eso de los móviles. Ya soy demasiado mayor para eso de Internet, eso es para los jóvenes”.

Pedro, 62 años, hoy:

“Nunca me lo imaginaba. Ahora tengo Whatsapp y Facebook, y un montón de música chulísima. Estoy más cerca de la gente que nunca, me divierto mucho y hasta he retomado el contacto con grandes tipos que hacía mucho que no veía. Soy mucho más feliz. No volvería a lo de antes por nada del mundo”.

Igual estas pensando, ¿Para qué salir de mi zona de confort si estoy bien ahí? Pues por varias razones:

  •  Tu creatividad dará un subidón.
  • Vivirás nuevas experiencias.
  • Se incrementará tu productividad.
  • Conocerás gente nueva y con ideas frescas.
  • Eliminarás barreras y disfrutarás de una vida más satisfactoria y divertida.

Siempre vale la pena. El psicólogo estadounidense W. Dyer en su libro Tus zonas erróneas  disponible aqui, dice que “la única prueba de vida es el crecimiento”. En tu zona de confort no hay crecimiento, sólo una sensación temporal de seguridad…y, muchas veces, de hastío.

 Cuando las personas alcanzamos estándares de vida más elevados de los que estamos habituados, como le ocurrió a Pedro, ya no queremos volver atrás.

Seguramente, en algún momento de tu vida, has intentado hacer algo, cambiar o mejorar ese trabajo en el que no te sientes cómodo, vivir una vida distinta, viajar más, conocer gente interesante, estudiar algo nuevo… pero siempre te surge la misma pregunta ¿cómo puedo cambiar? Sabes que salir de tu zona de confort es más difícil de lo que pensabas y puede pasar dos cosas:

  1. Que en poco tiempo pierdas esas ganas de conseguir tu objetivo y abandonas o
  2. Que sigas mirando hacia tu objetivo y que todo cada vez sea mucho más fácil.

Nuestra parte más primitiva del cerebro es la reptiliana. Ésta se encarga de las funciones más instintivas. Instintos primarios como alimentarse, reproducirse y pelear o huir en caso de peligro.

Este último punto es muy importante, el ‘peligro’. Nuestro cerebro reptiliano no quiere que salgamos de los límites de nuestra vida cotidiana y normal, porque fuera de ellos podría haber peligros. Hoy en día, no cabría la posibilidad que un animal pueda atacarte (salvo que vivas en un entorno salvaje). Pero esto no lo entiende la parte reptiliana. Además, aunque no haya animales que te devoren, sí que hay otros peligros que pueden no sólo causarte un daño físico, sino también un impacto y trauma psicológico y/o emocional.

Te daremos unas ideas para, poco a poco, ir saliendo de tu zona de confort si no quieres lanzarte al vacio: 

  • Cambia tu ruta diaria al trabajo, conocerás lugares nuevos y será una nueva experiencia cada día. Presta atención a los detalles del camino.
  • Empieza la mañana con una ducha fría.
  • Aprende algo nuevo y diferente que pueda serte útil pero nunca se te ocurrió aprender.
  • Conoce gente con ideas o pensamientos distintos al tuyo, te ayudará a abrir la mente y la imaginación, y te hará ser más creativo.
  • Apúntante a teatro (todo es empezar para perder la vergüenza).
  • Prueba alimentos o comidas diferentes y saludables para descubrir nuevos sabores que te ayuden a mejorar tus hábitos de alimentación.
  • Colabora o participa en actividades diferentes, podrás conocer alguna afición o talento que hasta ahora no pensaste que podrías tener y con el que ¡Eureka!, a parte de ser bueno en ello, te encanta.
  • Fíjate el objetivo de interiorizar un nuevo hábito positivo cada mes.

Cada vez que salimos de nuestra zona de confort haciendo algo que nos incomoda, pero que en el fondo sabemos que va a ser positivo para nosotros, siempre salimos reforzados, con más confianza en nosotros mismos, y nos damos cuenta, además, que es divertido.

Todo esto suena muy simple y a la vez muy complicado de llevar a cabo. Actitud, esfuerzo y perseverancia siempre van a ser necesarios, pero la buena noticia es que actuando con inteligencia y echando mano de ciertas herramientas prácticas conseguiremos que el sacrificio no sea más del necesario.