La verdadera proactividad

Que es la proactividad


“Sólo triunfa en el mundo quien se levanta y busca las circunstancias, y las crea si no las encuentra”.

George Bernard Shaw

¿QUÉ ES REALMENTE LA PROACTIVIDAD?

En los últimos años el tema de la proactividad está por todas partes. Si entramos en el mercado municipal oiremos decir al frutero: “hay que tener la iniciativa”, a lo que la verdulera de la parada de enfrente le contesta: “sí, Manuel, hay que adelantarse a los acontecimientos”. En la otra esquina el pescadero le dice a la señora: “señora María, usted lo que debe hacer es ser proactiva, tomar acción”.

Lo dicho, el asunto está por todas partes.

Bromas aparte, es cierto que es una temática habitual hoy en día. Es, como casi todo lo que está de moda, algo de lo que todo el mundo habla pero que no todos llegan a entender o, al menos, a entender bien.

La proactividad es uno de los conceptos más malentendidos de todos los tiempos.

En el diccionario nos dicen que una persona proactiva es la “que toma activamente el control y decide qué hacer en cada momento, anticipándose a los acontecimientos”.

Desde la perspectiva del bienestar y del crecimiento personal pensamos que esta definición a menudo es malinterpretada. Se pone demasiado énfasis en la palabra “activamente” y apenas se presta atención a la palabra “control”.

Nosotros defendemos la tesis de que a la hora de ser proactivo no es tan importante el tomar acción, el movernos, el hacer algo, sino más bien el hecho de ser consciente de la realidad, de nuestra respuesta emocional y desde esa posición, de una manera reflexiva (es decir, no impulsiva), responder.

Lo anterior quiere decir que no es más proactivo el que más actividad demuestra, el que no para quieto y siempre está moviéndose de un lado para otro, sino que el más proactivo es el que acepta una situación actual y meditadamente toma la decisión de llevar a cabo cierta conducta (que puede implicar moverse, hacer algo o simplemente no hacer nada).

LA VERDADERA PROACTIVIDAD ES ROMPER LA CADENA ESTÍMULO-RESPUESTA

La verdadera y sana proactividad es actuar por iniciativa propia, según lo que queremos realmente hacer, independientemente de los estímulos, externos o internos que se nos presenten.

Un ejemplo simple para clarificar el concepto:

Me hago un análisis de sangre y me sale el colesterol alto. Al día siguiente empiezo una dieta y una rutina de ejercicio para bajarlo.

Esto es actividad, es tomar acción, y es positivo,  sobre todo si lo mantenemos en el tiempo. Pero no es genuina proactividad. Y no es ser proactivo porque nuestra dieta y nuestra rutina de ejercicio no deja de ser una respuesta a un estímulo (el colesterol alto).

¿Cómo hubiéramos sido proactivos en el ejemplo anterior?

Siendo responsables de nuestra salud e intentando llevar un estilo de vida saludable “antes” de tener problemas con nuestro colesterol.

Cuidarte cuando estás enfermo es reactivo. Cuidarte cuando estás sano es proactivo.

Otro ejemplo es la rutina de entrenamiento de cualquier deportista de élite o de cualquier persona normal empeñada en conseguir un objetivo.

Pongamos que tu plan de entrenamiento consiste en ir a clase de spinning 3 días por semana (lunes, miércoles y viernes). El lunes estás a tope y vas, pero el martes ha sido un día duro en el trabajo y luego llega el miércoles y a las 7 de la tarde estás tirado o tirada en el sofá viendo la tele, miras el reloj y piensas: “o me voy ya o no llego a clase de spinning”.

El estímulo actual se llama: “qué a gusto y calentito se está ahora aquí en el sofá”.

La respuesta puede ser de dos manera, seguro que ya sabes cuáles son las opciones:

 1ª. Si eso ya iré el viernes.

 2ª. Me levanto, me preparo y me voy a spinning.

Las dos respuestas son igualmente válidas, lo que distingue a una de otra en términos de proactividad es si están alineadas o no con tus objetivos. Pongamos que tu objetivo es, como hemos dicho antes, realizar deporte yendo a clase de spinning 3 días por semana para mejorar tu forma física y sentirte bien.

Si ese es tu objetivo, la respuesta 1ª no te va a ayudar a conseguirlo. La respuesta 2ª sí.

Entonces la 2ª sería una respuesta proactiva, la 1ª no. Si finalmente vas al gimnasio, esto querrá decir que tu respuesta al estímulo “sofá calentito” no ha sido una respuesta directa e impulsiva, del tipo “aquí me quedo tapadito”.  Sino que más bien has ignorado el estímulo y has hecho lo que en el fondo sentías que tenías que hacer, es decir, has sido proactivo.

Contrariamente a lo que pueda parecer de una forma intuitiva, la verdadera proactividad no es tanto decir sí y siempre estar en movimiento sino quizá aprender a decir “no” a los estímulos nocivos.

Vamos a dar otro ejemplo para entender que proactividad no siempre tiene que ver con movimiento y con tomar acción. A veces es todo lo contrario, para ser proactivo te tienes que quedar bien quieto.

Imagina que tienes una pequeña e incipiente tendinitis en el pie derecho. El médico te ha dicho que estés una semana sin salir a correr y sin forzar el pie y te recuperarás. Al tercer días estás ya cansado de estar encerrado en casa y te entran unas ganas locas de salir a correr al parque y disfrutar del solecito. Pero, claro, tu objetivo realmente es eliminar tu tendinitis lo antes posible y no hacerla crónica. En este caso, ser proactivo es -ya habrán más días de solecito- quedarse descansando y no moverte de casa.

Para terminar este artículo, recuerda que:

“Si de verdad quieres ser proactivo, sigue a tu objetivo”

Proactividad en el deporte