La cigarra, la hormiga y el oso pardo.

La Cigarra, la Hormiga y el oso pardo.

La cigarra era feliz disfrutando del verano:  El sol brillaba, las flores desprendían su aroma…y la cigarra cantaba y cantaba. Mientras tanto su amiga y vecina, una pequeña hormiga, pasaba el día entero trabajando, recogiendo alimentos.

           – ¡Amiga hormiga! ¿No te cansas de tanto trabajar? Descansa un rato conmigo mientras canto algo para ti. – Le decía la cigarra a la hormiga.

– Mejor harías en recoger provisiones para el invierno y dejarte de tanta holgazanería – le respondía la hormiga, mientras transportaba el grano, atareada.

La cigarra se reía y seguía cantando sin hacer caso a su amiga.

Hasta que un día, al despertarse, sintió el frío intenso del invierno. Los árboles se habían quedado sin hojas y del cielo caían copos de nieve, mientras la cigarra vagaba por el campo, helada y hambrienta. Vio a lo lejos la casa de su vecina la hormiga, y se acercó a pedirle ayuda.

         – Amiga hormiga, tengo frío y hambre, ¿no me darías algo de comer? Tú tienes mucha comida y una casa caliente, mientras que yo no tengo nada.

La hormiga entreabrió la puerta de su casa y le dijo a la cigarra.

           – Dime amiga cigarra, ¿qué hacías tú mientras yo madrugaba para trabajar? ¿Qué hacías mientras yo cargaba con granos de trigo de acá para allá?

         – Cantaba y cantaba bajo el sol – contestó la cigarra.

        – ¿Eso hacías? Pues si cantabas en el verano, ahora baila durante el invierno.

Y le cerró la puerta, dejando fuera a la cigarra, que había aprendido la lección.

La hormiga pasó todo el invierno en su casa aburrida, viendo tediosos programas de cotilleo en la tele y comiendo dulces y patatas fritas, lo cual elevó su colesterol hacia niveles desorbitantes. Sólo salía un rato por las mañanas a dar de comer a los patos del lago cercano a su casa y volvía al poco tiempo puesto que su sobrepeso le fatigaba enormemente.

Uno de esos días la hormiga se encontró con un gran oso pardo en el borde del lago, que iba haciendo running, y le preguntó:

           – Amigo oso, ¿cómo te mantienes tan fresco y lozano?

          – Hola amiga hormiga. ¿Cómo estás? Muy fácil, en el verano me dediqué a estudiar las opciones de inversión que tenía y puse a trabajar mi dinero. Ahora me están llegando los beneficios y tengo tiempo para viajar, hacer deporte, conocer gente nueva y pasarlo bien. Con todo esto estoy más contento y feliz que nunca.

 Moraleja: ahorrar sin invertir es como querer ser feliz dando de comer a los patitos.