El lugar perfecto no es un lugar

¿DONDE ESTA LA FELICIDAD?

“Nadie se baña dos veces en el mismo río


Heráclito

Como la piedra Rosetta o la fuente de la eterna juventud, eso es la felicidad para los guerreros del crecimiento personal. Algo que siempre buscamos, y que buscamos como si fuera la panacea, el remedio para todo mal.

Cada persona tiene su definición de la felicidad, más o menos bajo su control, más o menos ambiciosa, pero cada una distinta, al fin y al cabo.

Creemos que la felicidad, como gran parte de los conceptos esenciales en el desarrollo humano, no puede depender de las circunstancias externas. Ha de ser algo que dependa de cada persona, por tanto, tiene que ser algo más relacionado con la capacidad de cada uno de alcanzar y mantener un cierto estado de paz, aceptación y equilibrio.

Y esa capacidad no puede ser algo relacionado con una época de bonanza económica, social o física de cada uno. Las épocas, las rachas, son, por definición, temporales. El devenir de la vida, en general, sigue una estructura circular, de ciclos que, con más o menos duración, se repiten indefinidamente, como mantenía el filósofo alemán Friedrich Nietzscheen su teoría del eterno retorno. Él aconsejaba amar cada instante, cada experiencia, cada sensación, de alegría o de dolor, de salud o de enfermedad, puesto que la vida es un constante y continuo fluir de lo mismo.

Al mismo tiempo, y aunque bajo una aparente (sólo aparente) paradoja con la filosofía anterior, hay que tener en cuenta que las cosas, aunque sean esencialmente parecidas, nunca son exactamente iguales. Porque aunque hoy el río parezca el mismo, el agua que pasa no es la misma que ayer. El factor tiempo lo cambia y renueva todo.

Esa es la razón de que no podamos anclar nuestra felicidad, nuestro estado de ánimo o nuestra satisfacción con la vida a nada externo, porque todo lo externo cambia. Lo más equilibrado es trabajar en uno mismo para mejorar nuestra capacidad de mantener ese cierto estado de serenidad, de manera independiente de las condiciones externas. Nuestros esfuerzos deben ir encaminados hacia mantener cálido y acogedor el interior de nuestra cabaña con la chimenea siempre en marcha, no importa cuál sea la temperatura fuera o si llueve o hay o no tormenta.

¿Y qué pasaría si la expresión “el sentido de la vida” no se refiriera a una dirección, a un propósito o una meta, sino que tomáramos su significado de sentido como “manera de sentir”, en lugar de como “propósito”?

Contemplar el sentido de la vida desde esa otra perspectiva refresca muchísimo la visión de las cosas. Ya no puede haber nunca una falta de sentido, o una desmotivación o desesperanza, porque no hay que conseguir nada ni llegar a ninguna parte, sino solamente sentir cada momento, estar presente y experimentar lo que realmente es la vida, sin ningún otro objetivo que simplemente ser.

Ya no hablaríamos de las típicas dualidades entre bueno o malo, de alegría o de pena, de odio o amor, de rabia o hastío, de risa o llanto, sino únicamente de experimentar todo tipo de sensaciones, cada una a su debido tiempo, sin estancarnos nunca en ninguna de ellas, y sin que ninguna de ellas afecte a nuestro estado de paz espiritual permanente.

Hay una metáfora que ejemplifica muy bien lo anterior: el juego de los uniformes de trabajo.

Cuando una persona se pone un uniforme de trabajo por un día, siente que va disfrazado. Es algo temporal que no afecta a su personalidad. Julia puede disfrazarse un día de policía, otro de doctora, otro de bombera, otro de torera, pero cada día sentirá que va disfrazada y eso no afectará a su equilibrio. Si esa misma persona se viste como los de una determinada profesión todos los días durante cuarenta o cincuenta años, eso sí afectará a su identidad, lo quiera o no. Ya no le será fácil distinguir entre cómo viste y quién es.

Lo mismo ocurre con las emociones. Cuando se experimentan de manera natural muchas emociones diferentes, una persona puede mantener su identidad equilibrada, pero cuando una única emoción se lleva veinticuatro horas al día los siete días a la semana, eso acaba por hacer mella en personalidad. Por eso es tan grande la importancia de los hábitos conductuales de cada persona. Es verdad lo de que “somos lo que repetidamente hacemos”. Si no te gusta tu estado habitual, tus pensamientos y sensaciones cotidianas, rompe el círculo y prueba cosas nuevas. Si haces lo de siempre, recibes lo de siempre.

No hay que dejarnos llevar por el torrente del devenir de las cosas de nuestro día. Las cosas urgentes, si las miras con detenimiento y objetividad, la mayoría de veces no son tales. Empieza a pensar en las cosas verdaderamente importantes y relega las urgentes. No pasa nada si se quema una maceta porque tú estás trabajando para que tu bosque nunca se pueda quemar. Tu equilibrio personal es algo tuyo y nadie debe poder tocarlo.

Está perfecto y es muy saludable proponerse retos, tener objetivos, ilusión por triunfar, por conseguir resultados que mejoren nuestra vida. Pero todo eso sin una base estable es como construir una gran casa sin unos cimientos sólidos. Durará poco.

No dejes de recordar que hay que disfrutar y sacar el jugo a cada instante de esta cosa mágica e inexplicable que es la vida de cada persona.

El lugar perfecto esta en tu interior.

El lugar perfecto no es un lugar, el lugar perfecto eres tú.