Aceptación no es aprobación

No hay casa resistente sin unos cimientos robustos.


De la misma manera, no se puede conseguir ningún objetivo cuando la información que ha servido para diseñar la estrategia era falsa o al menos de poca calidad. La mala información puede conseguirse por errores en la recogida de datos, por usar fuentes erróneas o desactualizadas y otros.

Pero hay una fuente de error que a primera vista puede pasarnos desapercibida. Se trata de la llamada “ceguera selectiva o voluntaria”. También llamada “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Es una de las variadas trampas de la mente.

Ocurre cuando, por alguna razón, más o menos oculta, nuestra propia mente nos evita percibir algún aspecto de la realidad, por ser demasiado doloroso o insufrible para ella.

Esta es la peor clase de ceguera, no puede paliarse con gafas especiales ni con operaciones de reemplazo de córnea. Sólo puede eliminarse de una manera concreta, con el compromiso con la verdad en relación a uno mismo.

La razón esencial y sutil de la ceguera selectiva es la falta de capacidad (o la que nosotros creemos falta de capacidad) para soportar un cierto aspecto de la realidad. De alguna manera no admitimos ciertos acontecimientos como reales porque en el fondo no sabemos cómo afrontarlos. El primer paso es la aceptación serena, estoica, de los hechos. Sea algo completamente externo o algo interno (que hayamos hecho o dejado de hacer nosotros), el paso básico inicial es la aceptación.

Aceptación no es aprobación. Que aceptemos algo como verdadero no quiere decir que nos parezca bien o que aprobemos que sea así. Simplemente lo dejamos ser, aceptando su realidad, sin juzgar ni interpretar.

Una vez asumimos su existencia, cualquiera que sea la situación a afrontar, nos volvemos mucho más poderosos. No se puede superar lo que no se puede ver. Cuando se conoce al “enemigo”, se puede trazar un plan de ataque, y si no funciona, otro, y si no funciona, otro…hasta conseguir el objetivo deseado en relación a esa situación.

En el hipotético caso en el que no pudiéramos llegar a esa realidad deseada, la mejor opción es seguir asumiendo esa situación como real y manejar nuestra existencia evitando el enfrentamiento con ella, simplemente dejarla fluir en su parte de la realidad, es decir, simplemente dejarla ser y dedicar nuestra atención consciente a aquellos pensamientos que nos atraigan positivamente. Algunas veces, dejar ir tiene más poder que defenderse o aferrarse.